---
title: "Doctrina del estoico filósofo Epicteto — El Brocense (1612)"
seoTitle: "Epicteto — El Brocense (1612)"
pubDate: 2026-07-16T22:00:00+01:00
slug: "epicteto-brocense-1612"
permalink: "/2026/07/16/epicteto-brocense-1612/"
description: "El Enquiridión de Epicteto en castellano: la Doctrina del estoico filósofo Epicteto, versión de El Brocense (Francisco Sánchez de las Brozas), Barcelona, 1612."
lang: es
versions:
  - label: "Versión castellana (1612)"
    text: "brocense-epicteto-es"
---

La *Doctrina del estoico filósofo Epicteto, o Enchiridion* es la primera traducción española del *Enquiridión*: la versión de Francisco Sánchez de las Brozas, «El Brocense», publicada en Barcelona en 1612 por los Herederos de Onofre Anglada. El Brocense traduce del latín al castellano, con base en las ediciones latinas de Epicteto que circulaban en la Europa del siglo XVI.

Se publican aquí únicamente los preceptos de Epicteto; las «Exposiciones» doctrinales del Brocense quedan omitidas. Algunos capítulos que llegaron dañados han sido restituidos entre corchetes conforme al texto griego del *Enquiridión*, y se señalan en notas al pie del editor.

---

## Versión castellana (1612)

# Doctrina del estoico filósofo Epicteto, o Enchiridion

*Versión castellana de «El Brocense» (Barcelona, 1612). Solo los preceptos de Epicteto; se omiten las «Exposiciones» del Brocense.*

## Capítulo 1. De la división, naturaleza i condición de las cosas, i del uso dellas.

De todas cuantas cosas ai, i se pueden considerar, unas son en nuestra mano, i a otras no se estiende nuestro poder. Están en nuestra mano la opinión i juizio de las cosas, i el apetecerlas i procurarlas, o el aborrecerlas i huirlas; i, para dezirlo en una palabra, todas las aciones que con propiedad se pueden dezir nuestras. No pende de nuestra voluntad el cuerpo, la hazienda, ni las onras i dinidades; i, en suma, aquellas obras que no proceden de nosotros mismos. Es pues de advertir, en estas dos diferencias de cosas, que las que están en nuestra disposición naturalmente se pueden llamar —i son— libres, i nadie es parte para vedarlas ni estorvarlas. I, por el contrario, las que no lo están son flacas i defetuosas, i sujetas a servidumbres i muchos impedimentos, i no son verdaderamente propias nuestras, sino agenas.

## Capítulo 2. Del efeto del bueno i mal juizio en las cosas.

Conviene, según esto, que siempre tengas memoria de no trocar estas cosas; porque si las cosas que de suyo son cautivas tú las tienes por libres, i las agenas las juzgas por propias, verás[te] impedido, lloroso i perturbado, i a los dioses i a los ombres tendrás por culpados. Empero, si tuvieres por tuyo lo que de hecho lo es, i lo ageno (como lo es) juzgares por ageno, nadie te hará fuerça, nadie te prohibirá hazer tu voluntad, a nadie acusarás, a nadie culparás, ninguna cosa harás contra tu voluntad, nadie te hará sinsabor, ni jamas tendrás enemigos. Al fin, ninguna cosa que te empezca sobre ti podrá caer ni acontecer.

## Capítulo 3. A la virtud no se á de ir como quiera, sino con eficacia; porque no se pueden servir dos señores.

Todas las vezes que a cualquier cosa te quisieres abalançar, ten cuenta que a ella te acomodes, no con medianía i medio alguno, sino que tengas ánimo, o para dexarla del todo, o dilatarla por el presente. Porque si desseas dinidades, o desseas enriquecer, por ventura no lo alcançarás, porque pusiste por principales las tales cosas; a lo menos sé cierto que por allí pierdes aquello por donde solamente la felicidad del ombre se alcança.

## Capítulo 4. Que es necessario hazer reflexión antes de obrar lo que la imaginación ofrece.

Luego que se te ofrezca alguna turbulenta imaginación o fantasía, avísate i exercítate a dezirle: «Tú, fantasma, eres, i no lo que representas.» Luego examina este negocio por las reglas que ya tienes, i principalmente por aquella que enseña qué cosas sean en nuestra mano, i cuáles son las que están fuera della. I si fuere, o tocare, a las que no son en nuestro poder, luego está el juizio i respuesta en la mano: «Esto no me toca.»

## Capítulo 5. El huir los males en balde haze al ombre calamitoso, i el dessear bien en balde lo haze desventurado.

Advierte pues, para esto, que el apetito siempre te ofrece que alcançarás lo que desseas, i la visión i huida, que no caerás en lo que no quieres. I de aquí viene que el que no consigue su desseo se llama sin ventura, i el que cae en lo que aborrece, desdichado. Assí que, si sólo aquello quieres que, según naturaleza, está en tu mano, no darás en lo que aborrecías; pero si huyes enfermedades, muerte, pobreza, ya eres desdichado. Quita pues toda aversión o huida de las cosas que no son en nuestro poder, i pássala a las cosas que, según naturaleza, son en nuestra mano. I cualquiera género de apetito, aora en los principios, del todo le destierra de ti; porque si apeteces algo de lo que no es en nuestra mano, ya vas engañado. I si quieres apetecer algo de lo que es apetecible, por estar en ella, no sabes aún hazerlo como conviene, por ser principiante. Solamente te moverás con tal moderación i templança de ánimo a querer las cosas, o apartarte dellas, que no seas visto apetecerlas, sino tomarlas indiferente, desapassionadamente, con floxedad i tibieza, i, como dizen, a sobrepeine.

## Capítulo 6. Mucho se deve considerar la naturaleza de las cosas amadas.

En cualquiera cosa que suele deleitar, o traer provecho, o amarse, acuérdate siempre de mirar i tantear bien cuál sea en sí aquella cosa. I comiença a exercitarte en cosas pequeñas: si tienes en precio una vasija, considera que no es mas de vasija, i assí, cuando se quebrare, no te dará alteración. Si quieres mucho a tus hijos [o a tu muger, di que amas cosa mortal; i cuando alguno dellos muriere, no te turbarás].[^ed5]

[^ed5]: *Nota del editor:* el final de este precepto está dañado en la digitalización (el texto salta a la «Anotación»); la parte entre corchetes se restituye conforme al sentido del original griego (*Enquiridión* 3).

## Capítulo 7. Que se an de considerar primero las circunstancias que las mismas cosas.

En cualquier negocio que ayas de entrar, conjetura contigo cuál sea el tal negocio. Si vas al baño, trae a la memoria lo que en él se haze: unos te mojan, otros te repujan, i otros son ladrones de vestidos; mas tú, previniendo todo esto, irás seguro. Dite a ti mismo: «Yo me lavaré, que es lo que pretendo, i venga lo que viniere.» Assí conviene hazer en las demás cosas; porque deste modo, si en el lavar se te ofreciere algún impedimento, está en la mano el dezir: «Yo no solo quise venirme a lavar, sino también a ensayarme en mi exercicio, tan acomodado a la naturaleza, i conservar este propósito de vivir en descanso; i este no le conservaré bien si con estas i otras cosas semejantes me inquietare.»

## Capítulo 8. Que nunca las cosas, sino las opiniones, nos perturban.

Perturban a los ombres, no las cosas, sino las opiniones i decretos dellas; como es de ver en la muerte, que en sí no es grave ni espantosa, porque, si lo fuera, a Sócrates se lo pareciera; mas la opinión i concepto de que es áspera i enojosa haze que lo parezca. Pues cuando nos alteramos, o perdemos el sossiego, no echemos a otro la culpa, sino a nosotros mismos, quiero dezir, a nuestros perversos concetos i opiniones. Porque es de ignorante acusar a otros en su trabajo i desventura; i es de aprendiz, o dicípulo o aprovechante, acusarse a sí mismo; i es ya de sabio i perfeto ni a sí ni a otros echar la culpa.

## Capítulo 9. Que, caso que nos ayamos de loar, sea de los bienes del ánimo.

Por ninguna agena excelencia te deves ensobervecer. Si un cavallo, con su loçanía, dixesse: «Ermoso cavallo soi», podríase tolerar; pero tú, cuando te alabas diziendo «Tengo ermoso cavallo», acuérdate que por un ermoso cavallo tienes sobervia. Pues ¿qué diremos ser tuyo? Solo el uso de las imaginaciones i apariencias. Assí que podrás tener sobervia cuando, en el uso de lo fantaseado, te aplicares a su naturaleza; porque entonces, por algún bien que es tuyo, te aventajas.

## Capítulo 10. Teniendo siempre a Dios por blanco, usemos del mundo como de passo.

Cuando vas navegando, i la nave toma algún puerto, si (como acontece) salieres a tomar agua o vitualla, bien podías, de camino, coger algunas conchillas, o caracoles, o setas, o espárragos; pero siempre conviene tener ojo a la nave, i atender con cuidado si llama a recoger el Piloto, porque entonces, con toda priessa, te conviene verter todo cuanto avías cogido, porque no te estorve a llegar presto i quedes enmarañado i asido, como quedan las ovejas entre las ramas. Assí passa en la vida: si en lugar de brinquiños i caracoles se te da una mugercilla o un hijuelo, tómalo como prestado; pero si el governador te llama, corre con priessa a la nave, sin mirar atrás, dexándolo todo; que, si eres ya viejo, nunca jamás te apartes lexos de la nave, porque no faltes en llamando el piloto.

## Capítulo 11. Nunca pidas las cosas según tu apetito, sino acomoda tu voluntad a lo que está por Dios ordenado.

Nunca pidas, ni quieras, que lo que se haze sea todo a tu voluntad; antes la acomoda con lo que sucediere, i vivirás vida descansada. La enfermedad es impedimento para el cuerpo, no para el buen intento (si él solo lo quiere); el ser coxo es impedimento a la pierna, pero no al buen propósito. I assí en todas las semejantes que suelen acontecer: de donde hallarás que cada cosa es impedimento de otra cosa, i no tuyo.

## Capítulo 12. Sacar fuerças de flaqueza contra los insultos de los vicios.

En todas las cosas que te pueden acontecer, acuérdate de bolver a ti mismo, i pregúntate qué arma o qué pertrecho tienes para defenderte en el peligro. Porque si te movieres con alguna cosa ermosa, valerte as luego del arma de la continencia; i si se ofreciere algún trabajo, acuérdate que para resistirle hallarás la fortaleza, como para los denuestos i ultrajes, la paciencia. I, de esta manera, si te acostumbrares, no te traerán sujeto i arrastrado las aparencias falsas de las cosas.

## Capítulo 13. Nadie pierde nada: restituimos a Dios lo que nos dio.

De ninguna cosa digas «perdí tal o tal cosa», sino «restituíla», que era prestada. Muriósete un hijo, restituístelo; robáronte la eredad, ¿esso no te parece que es restituir? Dirás que es un traidor i mal ombre el que te robó; ¿qué te toca a ti por quién te lo aya pedido el que te lo dio? Entre tanto que te es dado, ten cuidado dello, i assí te aprovecha, como de cosa agena i prestada, como hazen del melón los caminantes.

## Capítulo 14. Desecha lo que da turbación al ánimo, i espera las contradiciones.

Si quieres ser aprovechado en esta dotrina, echa estos pensamientos a parte, que dizen: «Si dexo mis cosas i negligentemente las trato, no avrá de qué me sustente; si no castigo a mi hijo, será malo i perdido.» Dígote que vale mas morir de hambre con sossiego i sin perturbaciones, que no lleno de riquezas i averes, i vivir con perturbaciones i sobresaltos. También es mejor que tu hijo sea perdido, que vivir tú desventurado. Comiença este exercicio en cosillas pequeñas: si te vierten una vasija de azeite, si te hurtaron un poquillo de vino, torna en ti i di luego: «Por aquí se adquiere la tranquilidad; tanto cuesta la constancia, porque nada se da de balde.» También, cuando llamas a tu criado, considera que será possible que no quiera venir a tu mandado, i, si viniere, que no hará lo que tú le mandas como desseas; i desta suerte el criado no saldrá con darte pesadumbre, que es lo que los moços suelen pretender, ni tú la tomarás con tu mala inclinación i porfía.

## Capítulo 15. Téngate el vulgo por desvariado, pues no se puede servir a dos señores.

Si quieres mas aprovecharte, acaba contigo de parecer al vulgo bobo i tonto en las cosas que están fuera de tu mano i alvedrío. I no te adelantes a mostrar que sabes algo de aquello; antes, si alguno te alabare, o estimare de que das buena cuenta dello i lo entiendes, tú no creas a ti mismo; porque tengo gran dificultad que uno conserve su buen propósito i designio conforme a razón i naturaleza, i que juntamente tenga cuenta con las cosas que no están en su mano. No se pueden praticar estas cosas: antes la una se á de dexar por la otra.

## Capítulo 16. Tan en vano trabajamos por sanear lo que no está en nuestra mano.

Si quieres que tus hijos, i muger, i amigos vivan para siempre, mui engañado vives, pues quieres que lo que no es en tu mano sea en tu mano, i lo que es ageno sea tuyo; i assí mesmo, si quieres que tu hijuelo no yerre, necio eres, porque al fin quieres que el vicio no sea vicio, sino otra cosa. Mas si tú tienes el desseo de alcançar algo que no te pueda faltar, en tu mano está començarlo: acomételo por donde sabes; porque aquel propiamente es señor de la cosa que tiene dominio sobre lo que apetece o rehúye. Assí que el que dessea ser libre, nunca busque ni huya cosa que esté en ageno poderío, porque en otra manera con los esclavos le contaremos.

## Capítulo 17. Que nos avemos de aver en la vida como en un combite.

[El comienzo de este precepto se ha perdido en una página casi ilegible del original digitalizado; en el texto griego (*Enquiridión* 15) Epicteto compara la vida con un banquete: de lo que se te acerca, alarga la mano i toma con mesura; si passa, no lo detengas; si aún no ha llegado, no estiendas a ello tu desseo, sino espéralo.][^ed6] Assí con los hijos, assí con la muger, en las onras i riquezas; i assí serás dino del combite de los Dioses. Mas si tanto puedes contigo que, aun de lo que te ponen delante, no usas, dexándolo passar, entonces te digo que no solo serás de los dioses combidado, pero de sus grandes poderes participante; porque, haziendo esto Diógenes i Eráclito, con razón fueron llamados i tenidos por divinos i gloriosos.

## Capítulo 18. Cómo nos avemos de aver con los que padecen tristeza.

Cuando vieres a alguno triste, por la ausencia de su hijo, o por pérdida de otras cosas, ten gran cuenta que no te turbe tal visión, que pienses que aquel padece algún mal en cosas de fuera. Luego divide las cosas i di a ti mismo: «A este ombre no le da pena este acontecimiento o acidente, porque a otros no se la da, sino el concepto i fantasía que dello ha concebido.» Tú, cuanto a lo que toca el consolarle, no seas escaso de palabras; mas contemporiza con su congoxa, i aun, si lo pide el negocio, llora i compadécete con él; pero con tal condición te lo consiento: que en tu alma i coraçón no entre dolor, ni afeto congoxoso.

## Capítulo 19. La vida es una comedia, i Dios el que da los personajes i los dichos.

La vida no es otra cosa sino una comedia que representar. Dios es el que da los dichos: i a uno manda que represente rei, a otro labrador, a otra matrona, i otra esclava. Si tú, labrador, quieres representar rei o conde, mal lo hazes; piensas i presumes contra lo que te dio el dicho de labrador. Puédese también aplicar este capítulo a lo passado, como dezir que, aunque llores en la representación, que no sea de veras; i, aunque representes un muerto, que no te mueras, ni te aflixas de veras, sino fingido.

## Capítulo 20. El prudente de cualquier cuento i sucesso coge fruto.

Cuando el cuervo te graznare i te diere no próspero agüero, no te fatigue el mal sonido; antes contigo disputa i di: «Este agüero triste no es para mí, sino para mi cuerpecillo, o hazienda, o gloriezilla, o hijuelo, o muger; porque para mí todo es próspero, si yo quiero. Porque ¿qué puede suceder de que yo no reciba utilidad, si yo quisiere?» Assí te digo que podrás ser invencible, si nunca entrares en competencia o rencilla donde no sea en tu mano salir con la vitoria.

## Capítulo 21. Despreciar las cosas es el verdadero camino para el descanso.

Mira que, cuando vieres a alguno sublimado en onras o dinidades, o en otra manera ensalçado, que no digas (espantado con tal visión) que aquel es bienaventurado. Porque, si el verdadero camino de refrenar los afetos está puesto en las cosas que están en nuestra mano, ¿cómo á de reinar en ello avaricia, embidia o emulación? Tú nunca tratas sino de tu libertad. Según esto, ¿cómo querrás ser Cónsul, o Rei, o Capitán, i no [querrás] no ser siervo? Pues no ai otra vía, i ella es sola para la libertad: que desprecies todo lo que no está en nuestra mano.

## Capítulo 22. Nadie te puede empecer, sino tú mismo a ti mismo.

Ten para ti que nunca el que te maltrata, de obras o palabras, te haze injuria, sino la opinión de las cosas cerca de los que piensan que hazen injuria. Assí que, cuando alguno te enojó, sabe que tu opinión es la que te enoja; que lo que mas en esto as de refrenar es la opinión de lo imaginado; i si para ello tomares algún espacio i tiempo, mas fácilmente señorearás tus fantasías. Para esto es bueno i mui acertado prevenir la muerte, el destierro, i la deshonra, i todas las cosas que son tenidas por terribles, i principalmente la muerte; porque, si assí lo hazes, nunca te abatirás a cosas baxas, ni dessearás cosas altas.

## Capítulo 23. Mofas del vulgo: desprécialas el filósofo.

Si te quieres entregar a la contemplación i filosofía, apercíbete a las murmuraciones del mundo. Luego dirán: «¿Dónde nos vino tan de repente este santón i filósofo? ¿Dónde tal sobrecejo?» Pero tú no pongas sobrecejo, sino sigue tu buen intento, como por Dios puesto para tal ministerio. Tras esto verás claro, si perseveras en la virtud, cómo los que antes burlavan de ti ya te estiman i acatan. Pero si caes de tu designio, al doblo serás corrido i avergonçado.

## Capítulo 24. Que no se puede agradar a un tiempo a Dios i al vulgo.

[Casi todo este capítulo se ha perdido en una página ilegible del original digitalizado.][^ed7] …Si se puede agradar juntamente a los ombres, vaya en buen hora; pero, si no, sábete que no ai mayor honra que desplazer a los perdidos i malos.

## Capítulo 25. Responde a seis objeciones contra el estado perfeto.

Nunca te den fatiga estas imaginaciones: «Siempre seré despreciado, nunca seré tenido en cuenta.» ¿Dizes o piensas que es malo ser despreciado? ¿Cómo puedes tú caer en mal alguno por causa de otro, como ni en torpeza puede uno caer por causa de otro? ¿Es por ventura obra tuya el ser llamado a governar, el ser llamado a los combites? No, por cierto. Pues ¿cómo puedes todavía pensar que esto juzga desprecio? ¿Cómo dizes que no serás de alguna estima, pues lo puedes ser de mui grande en las cosas que están en tu mano? Dizes también que podrías favorecer a tus amigos, i que assí los defraudas del provecho. ¿Qué provecho? ¿Puédeslos tú hazer hijosdalgo? ¿No ves que esso, i essotro, está en agena mano? ¿Quién puede dar a otro lo que él no tiene? Dirán ellos: «Bueno es que vos adquiráis, para que todos nos aprovechemos.» Yo lo puedo adquirir guardando mi integridad i decencia; yo lo haré: mostradme vosotros el modo. Pero si vosotros queréis que yo pierda los verdaderos bienes por los que vosotros llamáis bienes, ved cuán injustos sois en ello, i cuán fuera de razón andáis. ¿Queréis vosotros mas el dinero, o un amigo bueno i verdadero? Para esto querría yo me ayudássedes vosotros, i no para que pierda lo que tanto importa. Dirás también que tu patria queda desamparada de un ciudadano que le pudiera traer provecho. ¿Qué provecho? Ven acá: ¿la ciudad no tiene çapatos por el çapatero, i armas por los otros oficiales? Basta cada uno cumplir con su oficio; pues si tú hazes en la ciudad oficio de fiel i competente ciudadano, ¿no la has bien aprovechado? Pues ¿qué lugar (dirás tú) tengo de tener en mi república? El que pudieres, con tal que no descargues de lo que deves a la fidelidad i comedimiento. Porque, si tú la quieres aprovechar perdiendo tales dones, antes harás un ciudadano perdido i descompuesto.

## Capítulo 26. Cómo nos avemos de aver cuando otro es preferido delante de nosotros.

Cuando vieres que alguno te fue preferido en el combite, o en alguna salutación, o en ser llamado para alguna junta o consejo, hecha cuenta si aquello es bueno o malo. Si es bueno, es bien que tengas gozo, porque tu próximo alcançó algo de bueno; i si es malo, no te fatigues por no averte hallado en ello. Pero ten cuenta que, no aviendo tú hecho las diligencias por donde se alcançan essas cosas que no están en tu mano, no deves de ser apremiado como los que las saben procurar. Porque ¿cómo á de aver el que no visita las casas lo que alcança el que las visita? ¿Cómo has tú de tener igual premio con el que siempre acompaña i loa a los otros? Mira que te tendrán por injusto e infaciable si, sin pagar el premio que cuestan aquellas cosas, las quieres tú poseer de gracia. Va uno a comprar lechugas o verças: si diere una tarja, llevará su hortaliza; si a ti, no dando nada, no te da lechugas, no te hazen injuria, ni aun tú llevas menos que el que dio el dinero, porque, aunque él lleva lechugas, tú no diste la tarja. Assí en nuestro propósito: si no te llaman al combite, es porque no diste lo que vale el combite, que son lisonjas i otros cumplimientos. Paga tú lo que estas cosas cuestan; pero si tú quieres recibir i no dar, injusto eres i mal acondicionado. I si piensas que no ganaste nada en no ir al combite, engañaste, porque harta ganancia es no loar a quien no querrías, i no hazer plazer a quien no gustas, ni aun llegar a sus puertas.

## Capítulo 27. Juzguemos de nuestras faltas como de las agenas.

¡Oh, qué fácilmente se entiende lo que la naturaleza quiere en las cosas en que todos somos iguales! Cuando el moço de tu vezino quiebra el cántaro o jarra, luego se te ofrece dezir: «Cosa es que se usa.» Assí conviene averte contigo mismo cuando el tuyo se quebrare. De aquí se passa a mayores cosas: muriósele el hijo o muger al otro, luego dizen «natural cosa es, deuda es común»; i, cuando ello acontece por tu casa, luego das bozes i sales de seso, clamando: «¡Ai de mí, desventurado!» Cuánto mejor sería tratarnos en nuestras cosas como cuando oímos las agenas.

[^ed7]: *Nota del editor:* la página correspondiente del original digitalizado es prácticamente ilegible (OCR de muy baja calidad); solo se conserva con seguridad el final del capítulo.

## Capítulo 28. El entregar el ánimo a las cosas haze salir a los ombres de constancia.

Si alguno permitiesse que a tu cuerpo fuesse ofrecido a que cualquiera le maltratasse i hiriesse, tengo por cierto que te indignarías. Pues ¿por qué no te corres i avergüenças cuando tú mismo ofreces tu ánimo a que, en diziéndote otro denuestos o haziéndote mal, él se perturbe i descomponga? Para ello es necessario que en cualquiera obra mires bien i adviertas lo que a ella precede i se consigue, i assí te acomoda; porque, si assí no lo hazes, entrarás luego en tu obra con presteza, no cuidando del sucesso, pero después, que vieres que va errado, lo dexarás. Pongamos exemplo desto. Tú querrás alcançar corona en los juegos Olímpicos, yo también por cierto, porque es premio onroso; pero conviene considerar lo que a ello precede i le sigue. Conviénete mucho entrar en regla, comer con medida, abstenerte de comidas regaladas, exercitarte a tus horas constituidas, al calor, al frío, no bever frío ni vino en algunas ocasiones; en suma, de tal manera te has de entregar al maestro de los exercicios como al médico el enfermo. También en la mesma pelea suele acontecer herirse la mano, torcerse el pie, i tragar mucho polvo, i quedar acardenalado i golpeado, i, después de tantos trabajos, ser vencido. Si esto todo miras, entra en la tal contienda; si no lo miras, saltarás de uno en otro, como los moçuelos, que unas vezes son luchadores, otras gladiatores, otras trompeteros, después comediantes. Assí tú también: aora serás luchador, otras vezes gladiator, después retórico, i luego filósofo, i al fin en tu ánimo no serás nada, sino como las monas, que todo cuanto vieres querrás imitar, i cada hora querrás mudar propósito; i esto te acontece porque, sin consideración, te aplicaste, i no miraste mas de tu liviano apetito. Assí ai algunos que, cuando veen un filósofo, i oyen dezir a alguno «bien dize Sócrates, i ¿quién lo puede dezir como Sócrates?», luego essos quieren filosofar. Considera, o ombre, cuál sea la cosa, i luego tantea tu naturaleza para ver si puedes llevar la carga. ¿Quieres ser esgrimidor o luchador? Aconséjate primero con tus braços, lomos i muslos, porque la naturaleza da las cosas convenientes para cada cosa. ¿Piensas que, tomando nuevo intento, has de comer de la misma manera, i bever del mismo modo, i tener unas mismas condiciones? Quien quiere entrar en esta orden de filosofía á de velar i trabajar, i despídase de negocios domésticos, i acabe consigo, luego desde el principio, a querer ser despreciado, i que á de tener menos de honra, de dinidades, de govierno, i cosas semejantes. Pues considera todo esso, i determínate si a este precio quieres comprar i rescatar el sossiego, libertad i fortaleza del ánimo. Si esto no hazes, serás mudable como los niños: aora filósofo, después procurador, después alcabalero, o cuando mucho procurador de César. Una de dos cosas ai, i no mas: o tú has de ser del número de los buenos, o de los malos; quiero dezir, o has de cultivar tu ánimo, o tratar cosas externas i ser en ellas curioso; o has de ser filósofo, o plebeyo i vulgar, como son casi todos.

## Capítulo 29. Hagamos lo que devemos según virtud, aunque otros, o nosotros, no lo hagan.

Los oficios, que son el hazer el dever, se miden por correspondientes calidades: si es padre, luego se sigue el dever que le has de tratar bien; nunca cesse[s] de obedecerle, i, si te afrenta o castiga, que le sufras. Si el padre es malo, mira tú que la naturaleza te dio padre; no mires tú si es bueno o malo. Si tu esclavo te injurió, no consideres tú lo que él haze, sino lo que tú deves hazer, guardando tu propósito i designio. Ninguno te puede injuriar si tú no quieres: entonces te llamarás injuriado cuando tú te tuvieres por ofendido. Por essa regla sacarás cómo te has de aver con el vezino, con el ciudadano, i con aquellos a quien deves sujeción.

## Capítulo 30. De la religión i culto divino.

Cuanto a lo que toca a la piedad celestial, que es la que se deve a Dios, lo que mas importa es que tengas dél buenas opiniones: que es Dios, que justa i santamente govierna; que tú no estás acá para otra cosa mas apropiada que para obedecerle, i para en todo i por todo consentir con él en lo que haze, i seguir lo que se haze por su voluntad, pues que todo va ordenado con acabado i perfeto consejo. I deste modo nunca echarás a Dios la culpa, ni te quexarás como desamparado de su mano. No ai otro camino sino renunciar en sus manos todo lo que no es en la nuestra, i el bien o el mal ponerlo en lo que es nuestro, [en] el alvedrío. Porque, si algo de lo primero piensas que es bien, o algo mal, convernáque, no alcançando lo que desseas, o cayendo en lo que huyes, reprehendas i aun aborrezcas a los autores del negocio. Porque es cosa natural que todos los animales huyan lo que les parece dañoso, i aun las mismas causas del daño, i, por el contrario, sigan i estimen lo útil i provechoso, i las causas de tal provecho. También es impossible que alguno se huelgue con lo que parece dañoso, si a él le parece que aquello le dañó. De aquí viene que el hijo muchas vezes dize mal del padre, cuando no le da lo que a él le plaze. ¿Qué otra cosa hizo a Eteocles i a Polinices matarse, sino pensar que era mui bueno reinar? De aquí viene que el labrador, el negociante, el marinero reniegan de Dios, i algunos perdiendo muger i hijos, porque piensan que no ai otra observancia de Dios sino donde ai utilidad. Por tanto, el que procura dessear o huir lo que le toca, este tal tiene cuidado del servicio de Dios. Cuanto toca a los sacrificios i oblaciones, no digo nada, sino que esto, i ofrecer a Dios primicias, se haga según el uso de la tierra en que habitares, i no seas en ello pródigo, ni tampoco corto, con ánimo i cuerpo puro, no floxamente ni con negligencia.

## Capítulo 31. Que no se deven consultar los adivinos de lo que conviene i deve hazerse, sino de cosas dudosas.

[El comienzo de este precepto está dañado en el original; en el texto griego (*Enquiridión* 32), cuando vas a consultar un adivino, conviene recordar que ignoras lo por venir —por esso se lo consultas—, pero que, si la cosa no está en nuestra mano, no es en sí ni buena ni mala.][^ed8] …es cosa indiferente, i que no te toca, sea lo que fuere; i mas, que tú puedes, sin que nadie te lo quite, usar bien dello. I assí que puedes con confiança llegar a consultar a los dioses; i, en dándote el Oráculo, acuérdate con quién tomaste el tal consejo, i a quién (si no has de obedecer) desprecias. Vete a consultar a los dioses (como Sócrates solía dezir) sobre solas aquellas cosas cuya consideración se refiere al efeto i salida dellas, i no sobre cosas que por razón o arte dan ocasión de ser consideradas. De modo que, cuando conviene entrar en peligro por socorrer a los amigos o a la patria, no tienes que consultar a los dioses sobre ello; porque, si el agorero te dixesse que el sacrificio no mostrava buenas señales, claro es que denota muerte, o falta de miembros, o destierro; pero para esso está presente la razón, que ayuda para que por la república i amigos se deven passar peligros. Assí llegarás al gran profeta Pytio, que echó del templo al que al amigo, en peligro de la vida, no avía socorrido.

[^ed8]: *Nota del editor:* el arranque del precepto es ilegible en el original digitalizado; la parte entre corchetes resume el comienzo conforme al texto griego (*Enquiridión* 32), sin reproducir las palabras del Brocense.

## Capítulo 32. Del trato en la vida con las gentes: en el lenguaje, sossiego, risa, juramentos i combites.

Ordena contigo una cierta lei i orden que puedas guardar, assí estando solo como cuando te hallares en las conversaciones. Téngase gran cuenta con el silencio i poco parlar; dígase no mas de lo necessario, i esso con pocas palabras. I si ya la ocasión nos combida a hablar, no sea la plática vulgar: de los gladiatores, de la carrera de los cavallos, de los luchadores, de los banquetes. De los ombres conviene hablar poco, aunque sea loándolos, cuánto mas vituperándolos, o haziendo dellos comparación a otros. Si las pláticas de tus amigos o familiares van torcidas, corrígelas tú lo mejor que pudieres; si son de estraños, i te hallares atajado, calla. La risa nunca sea larga, ni por cada cosa, ni desmedida. El juramento rehusarás, si fuere possible, del todo; i, si no fuere possible, cuanto pudieres. Rehúye los combites de otras casas i particulares; pero, si fuere ocasión de hallarte en ellos, levanta tu consideración a que no caygas en la vulgar usança.

## Capítulo 33. Del acto natural i de la castidad.

[El comienzo de este capítulo está dañado en el original; en el texto griego (*Enquiridión* 33) Epicteto aconseja guardar, cuanto sea possible, castidad antes del casamiento, i, si se usa del deleite, que sea de lo lícito, sin hazerse pesado ni reprehensor de los que lo usan.][^ed9] …ni, siendo casado, hagas sátiras contra los casamientos, ni te alabes que no tratas con mugeres.

## Capítulo 34. No hazer cuenta de los maldicientes.

Si te contaren que alguno te disfama i reprehende, no contradigas; antes dirás: «Esse ombre no sabe bien los demás vicios que yo tengo, que, si mas supiera, mas dixera.»

## Capítulo 35. Que los juegos, espectáculos i comedias no alboroten nuestro ánimo ni sossiego.

Los teatros i comedias no ai para qué frequentarlos; pero, si en ellos te hallares, cuida de que tú, a ti solo, quieres satisfazer. Quiero dezir que tú quieras que allí passe lo que passa, i que quieras que aquel vença que vence; porque assí nada te turbará, guardándote de clamar, reír i alabar. I, después de salir de allí, no disputes mucho de lo que allí passó, pues nada aprovecha para tu correción, i parecerá que se admira la comedia.

[^ed9]: *Nota del editor:* la primera parte de este breve capítulo es ilegible en el original digitalizado; la parte entre corchetes resume el comienzo conforme al texto griego (*Enquiridión* 33), sin reproducir las palabras del Brocense.

## Capítulo 36. Huye las recitaciones de los poetas, por no te obligar a alabarlas como adulador.

A las recitaciones de ostentación no vayas de buena gana; i, si fueres, procura guardar la constancia i gravedad, i el no moverte a passión por agradar a otros.

## Capítulo 37. Para tratar con los grandes i poderosos, mira qué haría Sócrates en tal caso.

Cuando se ofreciere tratar con alguno, principalmente destos que mas valen i pueden en la república, propón contigo mismo qué haría en tal caso Sócrates o Zenón; i, desta manera, no podrás dudar cómo te has de aver en el presente negocio.

## Capítulo 38. Para tratar con los grandes, aparéjate para las importunidades que pueden acaecer.

Cuando fueres a visitar a estos poderosos, o quisieres tratar algo con ellos, propón primero contigo que podrá ser no hallarle en casa, o que no te dexarán entrar, o te darán con la puerta en los ojos, o que él no hará cuenta de ti. I, echada esta cuenta, si todavía entiendes que conviene hablarle, passa por todo ello, i no digas después: «¿A tanta costa? No quisiera aver venido acá»; porque esso es dicho de vulgares i de ombres que de cosas externas se alborotan.

## Capítulo 39. Para hablar de tus cosas no seas prolijo, i mira lo que tú harías en las agenas.

En las conversaciones no te acontezca contar mucho de tus acontecimientos o peligros; porque, aunque cada uno gusta de contar sus peligros passados, no todos gustan de oír los agenos. No procures hazer reír a los otros, porque este trato declina mucho a lo vulgar, i es causa de perder el filósofo la autoridad que va ganando. Tengo por peligroso que oygas o apruoves pláticas suzias i obscenas; en tal caso, si fuere possible, reprehende al que esto trata; cuando no, a lo menos muestra, con rostro áspero, callado i vergonçoso, que las tales pláticas te descontentan.

## Capítulo 40. Mas vale despreciar los deleites que esperarlos o abraçarlos.

Si de algún deleite concibieres en tu ánimo imaginación, guárdate (como en las demás cosas) de que no te trastorne la fantasía; examínala primero, i toma contigo espacio para pensar en ella. Después echa cuenta de los tiempos: assí de aquel en que gozas del deleite, como del otro cuando, aviendo gozado del deleite, quedas doloroso i arrepentido, i de ti mismo avergonçado. También contrapone a esto cuánto te podrás holgar si te abstuvieres, i cuánto loor ganarás de no ser vencido. I, si por ventura vieres que no se puede usar de aquella ocasión, ten cuenta de que no te dexes sopear de aquel halago i suavidad i blandura; antes deves contraponer cuánto mejor sea entender que tal vitoria alcançar pudiste.

## Capítulo 41. Siempre mira el dever, i digan lo que dixeren.

Cuando te determinares a hazer cosa devida i onesta, no temas ni te receles de que todos te vean, aunque parezca al vulgo otra cosa; porque, si no hazes virtud, la misma obra se deve huir; i, si hazes bien, ¿por qué has de temer a quien mal te reprehende?

## Capítulo 42. Que los combites no traces a tus antojos, sino a lo que mejor parecerá a los mas.

Assí como esta proposición, *Dies est, et nox est* («es día, i es noche»), dividiéndola es fuerte argumento, i tomándola junta no tiene fuerça, assí en el combite: tomar de lo mejor i mayor parte es bueno para el cuerpo i para satisfazer al apetito; pero, para la conversación i comunidad que en el combite se deve guardar, es mui fea cosa i dina de reprehender. Por tanto, cuando fueres combidado, mas cuenta deves tener con lo que se requiere, con la casa del que da el combite, que no con lo que pide tu cuerpo i apetito.

## Capítulo 43. Cada uno calce el çapato a forma de su pie.

Si tomas a cargo algún estado, personaje o dinidad mayor que tus fuerças, lo uno, tú la governarás con gran vergüença; i lo otro es que muestras aver despreciado el oficio que pudieras governar.

## Capítulo 44. Siempre se mire por la entereza del ánimo.

Como tienes cuidado, passeando o caminando, de no torcer el pie, o de que no se te hinque algún clavo en la planta, assí en el discurso de la vida te has de guardar que no ofendas la razón, que es la governadora de tus acciones. Si esto en cualquiera cosilla miramos i guardamos, todas las cosas haremos acertadas i cautamente.

## Capítulo 45. La virtud con poco le basta; a la codicia, ninguna cosa.

El cuerpo de cada uno es la medida de las riquezas, assí como el pie es la medida del çapato; i, si assí te midieres, avrás guardado el dever i medida que cumple; pero, si excedes de esto, vas perdido i despeñado, como si el çapato sobrasse al pie, aunque sea dorado, galano i pespuntado. Assí que, cuando la cosa sale de su medida, no se halla término conveniente.

## Capítulo 46. Mas se á de estimar en la muger la onestidad que la ermosura.

Las damas, como veen que los ombres las llaman señoras después de los catorze años, por llegarse a marido, el mayor cuidado que tienen es afeitarse, i en esto ponen toda su esperança. Mejor sería que entendiessen que mas an de ser onradas por la buena fama i recogimiento i vergüença i templança, que por la ermosura.

## Capítulo 47. Para el ánimo, mucho cuidado; que al cuerpo poco le basta.

De basto i grossero ingenio es tratar mucho de las cosas del cuerpo, como es el mucho exercicio, mucho comer, mucho bever, mucho passear a pie o a cavallo. Todo esto se á de hazer como de passo, porque el verdadero cuidado todo se deve enderezar al ánimo, para mejorarlo.

## Capítulo 48. Los que hablan mal de nosotros, allá se lo ayan.

Cuando alguno te hiziere mal, o dixere mal de ti, acuérdate que piensa el que dize o haze bien; porque no es possible que él siga lo que a ti te parece, sino lo que a él le parece. De modo que, si él mal juzga, a sí mesmo se haze daño, pues se engaña; i la verdad entricada, si alguno la llamasse mentira, no es ella la que padece, sino el que se engañó. Echando pues tú esta cuenta, sufrirás con mejor paciencia al denostador, porque podrías escusarte con dezir siempre: «A él assí le parecía.»

## Capítulo 49. Usemos del asa de humanidad, i no de la de inhumanidad.

Todas las cosas tienen dos asas, una de sufrimiento i otra insufrible: si tu ermano te haze injuria, no tomes esto por el asa de que haze injuria, porque esta asa no es tolerable; pero tómalo por el asa que es tu ermano, que se crió contigo, i por essa asa podrás tomar esse negocio, i será tolerable.

## Capítulo 50. No estrives en los dones de la fortuna; de los del ánimo te puedes gloriar.

Unas pláticas ai vulgares que no sacan verdaderas conclusiones, como son: «Yo soi mas rico que tú, luego soi mejor»; «yo soi mas eloquente que tú, luego soi mejor.» Mejor quadrarían estas: «Yo soi mas rico que tú, luego mi dinero excede al tuyo»; «yo soi mas eloquente que tú, luego mi oración excede a la tuya.» Porque tú ni eres hazienda, ni oración o razonamiento. Lávase en el baño el otro prestamente: no digas tú «mal se lavó», sino «lavóse presto». Bevió el otro mucho vino: no digas tú «bevió mal», sino que «bevió mucho»; porque, ¿cómo sabes tú que se haze mal, no aviendo primero escudriñado i entendido el intento ageno? Porque, por esto, te acontecerá que aprehendas algunas cosas por ciertas, i a otras te acomodes.

## Capítulo 51. La filosofía no se á de declarar por palabras, sino en hechos i obras.

Nunca trates de llamarte filósofo, ni hablar de especulaciones entre indotos; en el combite no trates cómo se á de comer, sino come como conviene. Acuérdate de qué modo Sócrates apartava i desechava de sí toda ostentación. Venían a él algunos que desseavan ser alabados por tal ombre; pero él los desechava de modo que a él le tenían por inorante, i sufría ser menospreciado. Assí que, si se atravessare plática entre indotos, de sutileza i especulaciones, tú calla i oye, porque tengo por peligrosa cosa vomitar luego lo que no has digerido. I cuando el otro te dixere que no sabes nada, i tú no te fatigares, ni te escocieres dello, entonces entenderás que eres buen principiante. Porque las ovejas no traen al pastor el heno, ni muestran cuánto an comido, sino, concibiendo en su buche el pasto, dan el fruto de leche i lana. Deste modo, tú no eches de priessa tus palabras delante los imperitos, sino saca a luz las obras, que es el fruto i lo que se sigue a las palabras.

## Capítulo 52. La ostentación siempre es mala, pero mucho peor en el filósofo.

Si tratas tu cuerpo con frugalidad, no te ensalces por ello; ni, si beves agua, te jactes en cualquiera ocasión por ello. Si alguna vez te quisieres dar al trabajo, no lo muestres a otros, sino a ti mismo; i no andes abraçando las frías estatuas; i, cuando tuvieres mui gran sed, enjuágate con agua fría i échala de la boca, i no lo digas a nadie.

## Capítulo 53. El sabio en sí solo estriva: pónense las señales del que se va aprovechando.

Señálase el poco enseñado e inerudito en que nunca regula sus provechos o daños por sí mesmo, sino por fortuna o bienes esternos. El filósofo tiene otro estado i forma, que de sí i por sí espera toda utilidad o daño. Señales i notas del que va aprovechando son: no reprehender a nadie, no loar a nadie, a ninguno acusar, no dezir nada de ti como ombre que algo sepa o algo sea. Cuando en algo es impedido o atajado, a sí mesmo echa la culpa; i, si alguno le ensalça, él mismo se ríe del que le loa; su apetito de sí lo tiene reprimido. Toda huida de males la traspassa i tiene colocada en las cosas que naturalmente son en nuestro poder i alvedrío; i su conato i apetición para todo está remisso: poco cura de que le tengan por indoto e inorante. Assí que de sí mesmo, como de enemigo i salteador, se guarda.

## Capítulo 54. Mas se llamará gramático que no filósofo el que construye los libros de filosofía i no obra lo que en ellos se contiene.

Si alguno, porque entiende i esplica los libros de Crisipo o de Aristóteles, tiene gravedad o fantasía, di tú entre ti: «Si Aristóteles no escriviera oscuro, no tuviera este gravedad i arrogancia; pero yo, ¿qué es lo que desseo saber? Querría entender la naturaleza, i juntamente seguirla. Assí que busco al que me la pueda mostrar; i, oyendo que en Crisipo se puede esto saber, voime a él; pero no entiendo lo que quiso dezir, por tanto busco intérprete que me lo declare; i aquí no está el toque. Empero, cuando hallo al intérprete, resta usar de los preceptos, i aquí está el toque. Pero, si yo me paro a considerar la buena construción i narración solamente, i no lo pongo por obra, en lugar de filósofo quedéme gramático —solo ai diferencia que, en lugar de declarar a Homero, declaro a Crisipo—. I aun tengo mayor vergüença cuando alguno me pide que le lea a Crisipo, si no puedo igualar los hechos con los preceptos de la filosofía.»

## Capítulo 55. Conviene guardarse los preceptos, i no curar del dicho de las gentes.

Ten estos preceptos en tanta observancia como si fuessen leyes, que sin gran pecado no se an de violar; i, para guardar esto, no cures de los dichos de los ombres, porque esto ya es fuera de lo que está en tu mano.

## Capítulo 56. No conviene dilatar el negocio en que tanto va: comiéncese luego, sin esperar ocasiones de tiempo.

¿Hasta cuándo te detienes en aprovecharte de tan preciosas cosas, i hazerte dino dellas? De manera que nunca passes de lo que la razón te dictare. Ya recebiste los preceptos, con que te devrías abraçar, i los abraçaste: ¿qué mayor maestro esperas, con cuya venida esperas corregirte? Ya no eres moçuelo, ya estás en la edad madura; por tanto, si no hazes ya cuenta destas cosas, o las dilatas de día en día, i de ocasión en ocasión, o de propósito en propósito, ¿no ves que nada aprovechas, ni te mejoras? ¿No ves que no difieres de un ombre vulgar, con quien no ai cuenta si vive o muere en esta vida? Ponte ya en opinión de varón perfeto i aprovechado, i no tomes otra lei para tu aprovechamiento sino proponer por blanco de tu vivir todo lo que es bueno i perfeto, cuyo quebrantamiento se tenga por maldad i pecado; que, cuando se ofreciere alguna cosa trabajosa o dulce, gloriosa o ignominiosa, acuérdate que entonces se apareja la pelea, entonces entra el certamen Olímpico, i que no ai bolver atrás, sino que aquí está el punto en que, perdiendo o ganando, se sigue vitoria gloriosa o pérdida abatida. Deste modo Sócrates salió tan perfeto, que a sí mismo se incitava para las contiendas tales, i nunca, guiándose por agena cabeça, sino solo a la razón, obedeció. Assí tú, aunque aora no seas Sócrates, deves de tal manera vivir que procures de ser Sócrates, que, con solo quererlo, lo alcançarás.

## Capítulo 57. Primero, i mejores, son los preceptos que las causas dellos i que el método de las demostraciones.

Primero i mas necessario lugar en la filosofía es el usar i poner en plática los decretos i dogmas della, como sea «no mentir». El segundo es el que trata las demostraciones, como es «por qué no se á de mentir». El tercero es el que distingue i confirma las demostraciones, como es: «¿Cómo sé que esta sea demostración? ¿Qué es demostración? ¿Qué es consequencia? ¿Qué es disputar? ¿Qué es verdad? ¿Qué es falsedad?» Assí que el tercero lugar es necessario por el segundo, i el segundo por el primero; el primero es mui necessario, i es el paradero donde se deve descansar. Nosotros andamos al revés, porque hazemos paradero en el tercero lugar, i assignamos en él nuestra diligencia i cuidado, i tenemos poco cuidado del primero. Assí que mentimos, pero siempre disputamos cómo no avemos de mentir, i lo provamos por demostración.

## Capítulo 58. El saber propio es someterse a la divina voluntad.

Cualquiera que bien se acomoda a la necessidad i al hado es sabio, i parece que sabe algo de profecía i cosas divinas.[^ed10]

## Capítulo 59. La vida no es nuestra; la voluntad es nuestra, i esta se deve siempre emplear en Dios.

Dezía Sócrates: «O Critón, si a Dios assí le parece, assí se haga. Anito i Melito bien me pueden a mí quitar la vida, pero dañarme o empecerme no podrán.»

**FIN.**

*Con licencia. En Barcelona, por los Erederos de Onofre Anglada, Año 1612.*

[^ed10]: *Nota del editor:* Epicteto cierra su manual (*Enquiridión* 53) con tres sentencias antiguas. El Brocense recoge la segunda i la tercera como estos dos últimos capítulos, pero la primera —los célebres versos de Cleantes— la puso dentro de su comentario, aquí omitido. En su versión rezan: «Guíame, Señor Dios, i guíeme el hado / a aquel lugar que me tenéis destinado.»

[^ed6]: *Nota del editor:* el original digitalizado (una edición de baja calidad de OCR) está aquí muy dañado; la parte entre corchetes resume el comienzo perdido del precepto conforme al texto griego (*Enquiridión* 15), y no reproduce las palabras del Brocense.

---

## License

All Living Stoicism site content is dedicated to the public domain under CC0 1.0. No rights are claimed. You may copy, modify, redistribute, summarise, train on, and reuse this material for any purpose without permission or attribution. Attribution is appreciated but not required.

License URI: https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/
